Entrevista a Jorge Ollero
- En tu libro hablas de cómo se ha pasado de una sociedad más enfocada al bienestar colectivo a una centrada en el egoísmo insolidario. ¿Podrías indicarnos cómo ha sido este proceso y qué factores han operado para que se produjera?
Lo que quiero decir con eso es que la sociedad española, desde la Transición hasta hoy, ha ido impregnándose del paradigma neoliberal, en el que los problemas sociales se individualizan y se tratan de resolver mediante el mercado (apoyado por el sistema penal), en vez de entender que las necesidades colectivas solo se pueden resolver mediante enfoques basados en la solidaridad. Lógicamente, la evolución hacia una sociedad más neoliberal y punitiva es un proceso complejo, en el que se dan diferentes tendencias, contestaciones y contradicciones. No se trata de un destino inevitable, sino de una opción político-social que se puede cambiar.
En mi libro, siguiendo a autores como Loic Wacquant, planteo la tesis de que la ruptura del consenso socialdemócrata y la entrada el paradigma neoliberal a partir de los 70 del siglo pasado, conllevó un aumento exacerbado del uso del derecho penal como falsa solución a los problemas sociales, económicos y políticos que el propio descontrol neoliberal provocó. Se pasó así del paradigma del Estado Social, que priorizaba soluciones solidarias a los problemas colectivos, al del Estado Penal, que se basa en un endurecimiento exacerbado del sistema penal.
En “Penalismo mágico” me centro en la evolución de la sociedad española de las últimas décadas y muestro cómo se ha producido una espiral de endurecimientos de las penas y una securitización de todos los discursos. Me detengo en observar los cambios concretos que se han ido introduciendo en la legislación penal, desde 1975 hasta 2020, subrayando cómo se ha criminalizado la pobreza, la inmigración o la disidencia política. Muestro cómo a finales de los 70 en España se hacían manifestaciones multitudinarias pidiendo el fin de las prisiones como herramientas de represión social, mientras que en la actualidad cualquier problemática suele venir acompañada de la petición de crear un nuevo delito o de subir las penas. - ¿Qué relación tiene esta deriva con el término que has acuñado como «penalismo mágico»?
Lo que planteo es que ese fenómeno de penalización de los problemas sociales se pudo producir y se sigue produciendo porque existe una base psicológica y cultural que lo sostiene.
Este populismo punitivo se impone porque confiamos en el penalismo mágico, que defino como la creencia irracional de que los castigos producen efectos mágicos solucionadores de cualquier problema. Esa fe en la omnipotencia del castigo refuerza un sentido común que considera que las políticas de “mano dura” son eficaces ante cualquier tipo de problema.
Así, gracias a esta “ideología mágico-penalista”, se impone una inútil guerra contra las drogas, se criminaliza a las que migran y a quienes les ayudan y se tilda de terrorista a cualquier disidencia política. También se piensa que se puede transformar el patriarcado y construir una sociedad feminista a través de una herramienta profundamente violenta, jerárquica y patriarcal como el castigo penal. Es decir, en el fondo creemos que castigar funciona para arreglar complejos problemas sociales como el machismo o la desigualdad económica. - ¿Qué alternativas a ese «penalismo mágico» identificas?
Creo que hay alternativas a nivel práctico y a nivel teórico. Por un lado, la justicia restaurativa se presenta como un paradigma alternativo centrado en la restauración de los daños personales y sociales que genera el delito a través de la responsabilización de la persona que ha producido esos daños. Es decir, que es una visión completamente diferente a la del sistema penal retributivo, principalmente basada en producir dolor al que lo ha producido, en dañar al que daña. La justicia restaurativa se ha demostrado posible y eficaz: satisface las necesidades de justicia y reparación de las víctimas, logra la no repetición y reinserción de los victimarios y nos convierte en una sociedad más responsable y reflexiva, capaz de comprender las raíces sociales de los actos dañinos individuales.
Junto con la aplicación práctica de la justicia restaurativa, creo que es muy importante pensar en alternativas teóricas, discursivas, mediáticas y culturales. Creo que lo principal es imaginar mundos diferentes en los que la violencia no sea la manera principal de abordar las situaciones dañinas injustas y escribir “Penalismo mágico” ha querido ser una aportación en esa dirección. - ¿Has trabajado en procesos de justicia restaurativa?
Sí, claro. He trabajado como facilitador de procesos de justicia restaurativa y conozco de primera mano la capacidad de sanar heridas y transformar a las personas que este enfoque logra. En los últimos años he estado más dedicado a la gestión pública, siendo el responsable del Servicio de Justicia Restaurativa del Gobierno de Navarra, donde hemos podido promover la primera ley autonómica que considera que la justicia restaurativa es un derecho de todas las víctimas que así lo soliciten. - ¿Conoces la herramienta de la justicia transformadora en el ámbito de empresas/entidades/organizaciones?
Lo conozco y me parece muy potente y necesario. En mi opinión, no considero que sea incompatible con el paradigma de la justicia restaurativa sino que le aporta una visión más profunda y holística. De hecho, yo también abogo por una visión de la justicia que tenga en cuenta las condiciones estructurales que han favorecido que se produzca la situación dañina y, cómo no, que se pongan las bases para que no se vuelva a producir ese daño en el futuro. Creo que la justicia transformadora tiene que ver con estos planteamientos y, aplicada a empresas, entidades u organizaciones, puede contribuir a generar una sociedad más madura, responsable y solidaria. Es decir, menos confiada en que el castigo es capaz de solucionarlo todo, menos imbuida en la fe en el penalismo mágico.